| Después
de su presentación en el Palacio de Bellas Artes, el grupo de danza
aérea Humanicorp, que dirige Gerardo Hernández Nava, se
prepara para presentar nuevamente su antología coreográfica
Sueños: El ombligo de la luna, en el Centro Nacional de las Artes,
los miércoles, jueves y viernes, a las 20:30 horas, del 3 al 26
de septiembre.
La
apuesta de Humanicorp reside en lograr un nivel de excelencia en lo técnico
y en lo artístico y concretar el sueño para lo que fue creada:
consolidarse como una compañía y un espacio que procure
el entrenamiento y la creación y sea el lugar para el que fue concebido:
el quehacer del cuerpo.
Esta
propuesta de expresión corporal ecléctica surge de la ciudad
y toma su nombre del significado de la palabra México, en náhuatl
(El ombligo de la luna).
El
director artístico de la compañía, Gerardo Hernández,
explica: “En Humanicorp tenemos un lenguaje propio y una identidad
propia que parten de un eclecticismo, que es lo que hace doblemente desgastante
nuestro trabajo. Nuestros ejecutantes transgreden el espacio físico
y convencional. Nuestra propuesta es siempre comunicar sentimientos y
sueños a través del movimiento estético en el aire.
Pero tiene que ser un movimiento eficiente y de sobrevivencia”.
El
aire, el equilibrio, la redimensión del espacio escénico
de forma vertical, la adrenalina de no tocar el piso y el riesgo de la
muerte ante cualquier descuido en cada uno de los movimientos son la apuesta
de Humanicorp, sólo comparable con la línea del Circo del
Sol, De la Guarda o Stomp.
“La
vida es eso: emerges de la tierra, giras, giras y giras; tienes momentos
de conciencia, de miedo, de asombro, dejas de moverte en el espacio hasta
quedar totalmente paralizado y es como si murieras; entonces regresas
a la tierra. Y de nuevo en la tierra te das cuenta de que estar vivo es
una cosa rarísima”, sostiene el director artístico
de la compañía.
El
trabajo de Humanicorp pasa por alto la interpretación dramática
para sustituirla por el efecto visual del virtuosismo físico, los
efectos de luces y el jugarse la vida. El asombro, el impacto de la belleza
de las imágenes y el talento de los intérpretes sostiene
la acción.
El
montaje de Gerardo Hernández trata de pequeños cuentos oníricos
en los que aparecen referencias cristianas como ángeles, cristos,
cruces y otros seres de ficción que buscan en la oscuridad el sendero
de la vida. El resultado es de impactante fuerza, muy aparatoso y espectacular.
Pero es la propuesta para acercar, sensibilizar y entretener, y donde
la iluminación juega un papel relevante, mientras que los bailarines
son de la talla de los más grandes y la selección de la
música la apropiada.
Las
recientes presentaciones de la compañía hablan por sí
solas de la importancia del trabajo que la compañía ha desarrollado
a lo largo de 10 años y de la constancia de Gerardo Hernández
por llevar a escena sus sueños, que son también los sueños
de Humanicorp, grupo que construye una precisa arquitectura de intensidades
corporales cuyo logro está destinado a concretarse en la satisfacción
emocional de sus testigos.
Danza
aérea, de suspensión, gimnasia, disfraces y un bien cuidado
encaje de unísonos coreográficos sostienen las relaciones
estructurales de Sueños…, que es al mismo tiempo tejido de
energías que logra su coherencia con una honestidad particular
en la entrega física virtuosa de cada uno de sus bailarines (Alejandra
González Anaya, Carolina López Patiño, Mariana Valverde,
Tzitzi Benavides, Diego Talamantes Capilla, Juan Manuel Pénas,
Víctor Ramírez, Emir Meza y el propio Gerardo Hernández).
“Me
di cuenta – ha dicho Gerardo Hernández-- que lo que estaba
era el lenguaje de la danza, pero fusionando en ella mi formación
atlética. Porque al fusionar el rendimiento, el riesgo, la comunicación
y la estética del bailarín se completa el lenguaje de la
danza.”
A
dicho lenguaje, el director artístico de Humanicorp lo denomina
“equilibrio precario”, cuyo objetivo es transgredir el espacio,
pero no nada más el espacio físico teatral sino también
el espacio físico emocional del ejecutante, con la idea de que
al transgredir su propio espacio físico y llevarlo a un riesgo,
el movimiento del ejecutante se vuelve honesto.
De
ahí que el trabajo interpretativo de Humanicorp sea de intensa
calidad. Se vislumbra el paso de un grupo que respalda con labor dedicada
sus propias convicciones artísticas y, por otro lado, a partir
de esta obra se desprenden consideraciones diversas acerca de los múltiples
modos de encarar la presión atmosférica los aún quiméricos
mercados culturales.
|